Federico Méndez
“Cuando hacia 1957 Gurvich se mudó al Cerro, su pintura se vio paulatinamente atravesada por el lugar. El artista es así un intérprete del espíritu del sitio. Esto se refiere no sólo a los aspectos visuales, sino a sus historias, su gente, sus anécdotas. El Cerro con sus circunstancias es captado y vivido por Gurvich en su vida cotidiana y nos es devuelto a través de su mirada y de su oficio de pintor.
El Cerro es un barrio de obreros e inmigrantes como él.
No es la ciudad, lo urbano, sino que también aparece lo rural, donde la naturaleza tiene otra presencia. Esto se vincula con su primer viaje a Israel, especialmente con sus vivencias en el kibutz Ramot Menashe, cuya huella profunda en Gurvich marcaría todo su arte posterior.” (Arq. Rafael Lorente Mourelle, 2017)
“Las escenas del Cerro, que pintó con encanto, celebran lo doméstico, la vida sencilla en los patios poblados con perros, gatos y gallinas, las cuerdas con ropa secándose al viento, la mujer conversando con un vecino a través de la cerca. Las ramas de los árboles desnudos, finamente elaborados contra el cielo gris del invierno, otorgan poesía y nostalgia a sus composiciones.” (Cecilia de Torres, 2000)